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Fundación Tacumi, galardonada en los Premios EY: Un impulso a nuestro programa ‘Aulas Itinerantes’ y a la inclusión educativa real

Hay días que se graban para siempre en la memoria y en el corazón de una organización. Jornadas en las que el trabajo invisible, silencioso y constante de tantos meses cobra un sentido aún mayor al recibir el abrazo, el respaldo y la visibilidad de la sociedad. Hoy es uno de esos días de inmensa gratitud y alegría para todos los que formamos parte de la gran familia de la Fundación Tacumi. Nos llena de emoción y orgullo compartir con todos vosotros que nuestro programa “Aulas Itinerantes” ha sido galardonado con el segundo premio en la categoría nacional de los prestigiosos premios otorgados por la firma EY.

Este galardón no es solo un reconocimiento para colocar en nuestras oficinas; es un poderoso altavoz que valida nuestra misión y nos recuerda que el camino que hemos elegido, aunque a veces está lleno de desafíos, es el correcto y el más necesario.

Aulas Itinerantes: El corazón de la inclusión educativa

Para entender la verdadera magnitud de este premio, es fundamental poner en valor qué significa exactamente nuestro programa “Aulas Itinerantes” y por qué constituye el motor de nuestro día a día. En Fundación Tacumi creemos firmemente que la educación es el pilar esencial sobre el que se construye una sociedad más justa, equitativa y empática. Sin embargo, somos muy conscientes de que el sistema educativo tradicional a menudo plantea barreras invisibles para aquellos alumnos que tienen un ritmo, unas capacidades o una forma de aprender diferente.

Aquí es donde nace y cobra todo su sentido nuestra iniciativa premiada. Las “Aulas Itinerantes” no son espacios físicos segregados, sino todo lo contrario: son puentes hacia la integración absoluta. Nuestro objetivo primordial es apoyar, acompañar y garantizar la inclusión escolar de niños y jóvenes con discapacidad intelectual, así como de aquellos que presentan otras necesidades educativas específicas, directamente dentro de las aulas de los colegios ordinarios.

Nuestra metodología implica un trabajo de campo profundo y meticuloso. No nos limitamos a defender la inclusión en la teoría; intervenimos de manera activa y coordinada con los equipos docentes, los orientadores y las propias familias. Proporcionamos estrategias pedagógicas adaptadas, fomentamos la sensibilización en el grupo-clase y trabajamos bajo la premisa de que es el entorno el que debe adaptarse al niño, y no al revés.

Creemos que la diversidad enriquece el ecosistema escolar de una forma incalculable. Cuando dotamos a los centros educativos de las herramientas y el acompañamiento adecuados, logramos que la convivencia diaria sea la mejor lección de vida para todo el alumnado. Como reza nuestro lema, defendemos una educación en la que los niños puedan aprender, crecer y jugar “juntos y revueltos”. Porque es en esa mezcla, en ese roce diario compartiendo pupitre y patio, donde se derriban los prejuicios y se construyen los cimientos de una generación mucho más tolerante y humana.

 

El papel transformador de EY y el valor de su apuesta social

No podemos hablar de este premio sin detenernos a poner en inmenso valor la apuesta decidida de EY por la acción social. En un mundo corporativo que a menudo gira a gran velocidad, que una firma líder a nivel internacional decida mirar a su entorno y destinar recursos, tiempo y esfuerzo a premiar iniciativas solidarias, dice mucho de su calidad institucional.

Iniciativas de Responsabilidad Social Corporativa de este calibre son un verdadero motor de cambio. EY comprende que el impacto social positivo requiere visibilidad y plataformas de encuentro que conecten el talento y los recursos corporativos con las necesidades reales del tercer sector. El evento de entrega de premios fue una gala excepcional, marcada por la cercanía, la emotividad y el cuidado absoluto por los detalles. Gracias a su respaldo, entidades como la nuestra pueden dar a conocer su labor, tejer redes de apoyo y conseguir el impulso necesario para llegar a más colegios que nos necesitan.

Una familia unida por un mismo sueño

Detrás de un hito como este hay nombres, rostros y muchas horas de dedicación. Tanto el Prof. Felipe A. Calvo, presidente de Tacumi, como todo el equipo de profesionales, voluntarios y familias que damos vida a la fundación, estamos rebosantes de felicidad. Este premio es un espaldarazo a nuestra visión compartida de que una sociedad mejor empieza en la escuela.

Queremos aprovechar estas líneas para enviar millones de gracias a una persona que ha sido fundamental: nuestro maravilloso padrino, Daniel Cruz Vega. Su apoyo incondicional para presentar y defender nuestra candidatura, su confianza ciega en nuestro proyecto y su inmensa capacidad para transmitir la esencia de Tacumi han sido determinantes. Gracias, Daniel, por ser parte de este sueño y por ayudarnos a volar más alto.

Mirando al futuro con esperanza

Este segundo premio nacional nos recarga las pilas de una forma extraordinaria. Nos anima a seguir mirando con ilusión al futuro, a no rendirnos ante los obstáculos y a seguir peleando cada día. Seguiremos trabajando, con más fuerza que nunca, para que todos los niños y jóvenes, independientemente de sus capacidades, tengan garantizado su derecho a aprender y a ser felices en su entorno natural.

Millones de gracias a EY por este impulso tan bonito. ¡Nos vemos en la XX edición!